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¿Vale la pena no hacerlo?

Jesús
15 de marzo de 2021
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A lo mejor tú también eres de esas personas con el objetivo constante de superarse.

Desde el año 2016, en el que viví una crisis personal importante, no he dejado de trabajar por convertirme en la mejor versión de mí mismo. Compito contra mi yo de ayer. Cada día.

Ese año atravesé un trastorno de ansiedad que me llevó a escribir un libro sobre mi historia. Después, ya tenía la dinámica adecuada para transformar mi forma de ver la vida, lo que me condujo a emprender cambios profundos.

No he parado desde entonces.

La gran pregunta frente a la depresión y la ansiedad: ¿vale la pena no hacerlo?

Como os podéis imaginar, hay un montón de aspectos de mi vida que me gustaría mejorar. Lógicamente, no siempre consigo mis objetivos. Cuando los cumplo, no siempre es a la primera. Ley de vida.

Porque sí, hay épocas complicadas, por muy buena que sea la actitud de uno.

Hay épocas en las que lo que te pide el cuerpo es tomarte algo para el dolor de cabeza, pasar de todo y rendirte. Sí, claro, a mí también me pasa. Es entonces cuando recurro a la gran pregunta: ¿vale la pena no hacerlo? Me ayuda a enfocar la situación cuando abro mi cuaderno personal y veo tengo bastantes tareas por delante. Cuando veo que construir hábitos positivos me está costando.

Con esa pregunta me recuerdo que, aunque no pueda llegar a todo… tampoco me satisface refugiarme en las excusas. Creo en el equilibrio entre saber priorizar y esforzarse (de ahí lo de competir con mi yo de ayer). Así que, armado con mi cuaderno, analizo los mínimos que me gustaría cubrir cada jornada, pase lo que pase, y que son:

  • Mi familia es la prioridad. Todo lo demás va después.
  • Me gustaría hacer ejercicio y llevar una vida activa, así como nutrirme bien.
  • Deseo tener tiempo para leer y escribir. Es fundamental encontrar espacio para desconectar.

Como digo, cuando flaquean las fuerzas (soy humano, me cuesta y fracaso como el que más), me hago esa gran pregunta, que tanto me ayuda.

Hagamos la prueba. Te pregunto: ¿vale la pena no hacerlo?

La pregunta nunca deja de darme perspectiva.

¿Vale la pena no dedicar tiempo a mi familia? ¿Y no hacer ejercicio? ¿Me compensa no comer bien? ¿Vale la pena dejarse ir y vivir para trabajar? ¿Rendirse? La respuesta es no. Cualquiera que persiga el desarrollo personal encontrará una lista enorme de cuestiones que añadir aquí. Cada cual, las suyas.

Estos días dedico el café de la mañana a darle vueltas a eso. Porque me está costando un mundo (y medio) encontrar la energía para competir con mi yo de ayer. Quiero hacer mogollón de cosas: familia (con un peque recién llegado), estudiar psicología, trabajar en varios proyectos… y, sobre todo, no convertirme en el tipo que juré que no sería. Las buenas intenciones están genial pero, de vuelta a la realidad, a menudo la vida nos aprieta las tuercas. ¿Eres lo que decías que ibas a ser? ¿O eres lo que has aceptado ser?

Aspiro a ser alguien que deje huella en los demás, ser un activo valioso para el mundo. Un proyecto que requiere estrategia: cuidar la familia, estar en buena forma, tener algo de dinero, completar la carrera mientras trabajo a jornada completa, soy autónomo por otra parte, cuido mi blog y mil historias más. Me gustaría ser el hombre que soñaba ser cuando tenía miedo hasta de mi sombra. O, al menos, acercarme lo máximo posible a ese objetivo.

No siempre tengo la motivación, las fuerzas o las ganas para buscar formas de avanzar hacia ese concepto idílico de mí mismo. Pero sí que creo que renunciar a intentarlo no es una opción. No lo era en los peores momentos de mi viaje. No lo es ahora.

Necesitamos hombres con rumbo a Ítaca

Mi padre no era un buen referente en cuanto a masculinidad, así que tuve que buscarme otros donde pude. Los libros ayudaron mucho.

Desde que puedo recordar, uno de los que he tenido presente ha sido al legendario héroe Ulises. Si no habéis leído la Odisea, os la recomiendo. Si os da pereza el clásico, a mí me encantó esta versión ilustrada o incluso esta canción sobre él (como siempre, lleva subtítulos en español).

En la Odisea se nos presenta a ese hombre, Ulises. Un rey que renuncia a la comodidad por principios, y parte de su isla natal porque le necesitan. Afronta diez años de guerra, y otros diez de horrores en el mar, hasta regresar a casa. Su camino no es fácil. Se supera a sí mismo, pero también cae en desgracia. Se encuentra a sí mismo más allá de la adversidad, pero también en ella.

Contra todo pronóstico, el campeón de Ítaca regresa victorioso veinte años después de partir. Lo que hace de él un ser excepcional no es el resultado, sino su actitud en el camino. Su premio es la tierra prometida: redescubrir su amada Ítaca.

Ulises podría haberse conformado y no zarpado jamás, claro. Pero entonces, sin esas experiencias vitales, no habría sido capaz de apreciar sus riquezas.

Eres lo que haces, no lo que dices que harás

Todos tenemos sueños en la recámara. Lo que queremos ser. Ese trabajo que nos gustaría tener. Ese proyecto. Esa pareja. Esos amigos. Ese lo que sea que sabemos que querríamos ser.

Pero somos lo que somos. Ahora.

Con los años, me he dado cuenta de que cambiar, llegar a ciertos niveles, exige comprometerse con dar lo mejor de uno mismo. Ulises no triunfó por su conformismo, ni por acomodarse en su reino. Lo sabemos, pero es duro aceptar que el camino se presenta tortuoso.

E insisto, es igual para todos. A mí también me cuesta a veces. Hay muros contra los que llevo dándome cabezazos años, sin éxito. Pero cuando lo pienso un instante, me doy cuenta de que sí, Ítaca existe. Está ahí para inspirarnos, pero también para recordarnos que lo que nos hace heroicos es la capacidad de intentar hacerlo lo mejor posible en nuestro viaje.

Eso no es victimizarse. No basta con participar: hay que echarle ganas. Conseguir lo que quiero significa sacrificios enormes. Con todo, tengo claro que no hacerlo… no vale la pena porque:

  • ¿Cómo imaginarme mi vida en plenitud sin familia ni amigos?
  • ¿Qué será de mí si no cuido mi cuerpo? ¿Y si no cultivo mi mente?
  • ¿Hasta dónde puedo sobrevivir sin aceptar que necesito reponer fuerzas para seguir?

Como Ulises, hay que tener las ganas de marcarse como objetivo superar nuestras odiseas. Pelear de verdad por lo que uno quiere. Comprometerse, estar dispuestos a sacrificarnos. Dar lo mejor que pudimos. No conformarse con la versión en la que aprobamos raspados, en la que cedemos y no intentamos ser quienes (sabíamos) que podíamos llegar a ser.

Seguro que cuando él puso un pie en su tierra se sintió genial. Estoy convencido de que seguiré orgulloso de mí mismo conforme avance en mis viajes. De ahí saco mi energía para seguir navegando. ¿O acaso vale la pena no hacerlo? Pues eso: con compasión y sin obsesionarse, día a día, a por vuestras Ítacas.

<h2 style="color:white;font-size:35px">Jesús</h2>

Jesús

JMT Psicología

4 Comentarios

  1. o sea quieres que sea la mujer maravilla???? lo intento pero nunca llego

    Responder
    • Qué va, yo también lo intento y, como digo… a veces llego, a veces no. Lo que te animo es a que no desfallezcas si es que te pasa, porque creo que vale la pena no dejar de intentarlo, de superarse. Un abrazo!

      Responder
    • Muchas gracias. Un abrazo grande Marmota, me encanta tu blog de cine.

      Responder

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