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Qué es la felicidad: un vistazo desde la psicología

Jesús
17 de marzo de 2021
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Esta mes he estado reflexionando sobre qué es la felicidad. Lo he hecho, sobre todo, desde el punto de vista de la psicología.

Se trata de un concepto que me interesa traer a JMT Psicología. ¿La razón? Diría que en el mundo actual se da mucha importancia a estar feliz. Todo el tiempo. Y, me temo, considero esa una distorsión cognitiva, que se aleja de una interpretación realista de la vida. Os lo cuento en detalle.

¿Qué es la felicidad?

No creo que tenga mucho sentido deciros yo qué es la felicidad. Como se suele decir: seguro que, cuando la habéis experimentado, la reconocéis. Pues con eso nos basta.

¿Por qué digo no a las definiciones? Mi experiencia me ha enseñado que las definiciones clásicas de lo que es la felicidad conducen, de hecho, a ser bastante miserables. Porque nos basamos en lo que dice la gente, lo que nos venden, etc. Os podéis imaginar que no, la felicidad no es ser el chico de la revista, ni los 2.000 likes en tu post de Instagram.

Para mí, de hecho, es más interesante analizar la felicidad desde la psicología. Esa que tiene ciertas características.

Es un puzle de múltiples piezas

La felicidad no es una única cosa, sino que se compone de diversos elementos. Así, cierta cantidad de dinero sí te da felicidad, como lo hace tener buena salud o trabajo.

Con todo, el top tres se lo queda encontrar un sentido a nuestra existencia (o más bien a soportar sus reveses), tener un núcleo familiar sólido (no tiene que ver con tener hijos, sino con los allegados) y ser parte de una comunidad.

Sin eso, no vas a ser feliz. O, al menos, no tanto.

Es universal

La idea de que cada uno tenemos una felicidad diferente nuestra no me parece del precisa.

En realidad, hay acciones, experiencias o sentimientos que llenan a todo el mundo, como se desprende del punto anterior. Son universales. De hecho, es más grande esa parte común que la individual, aunque haya cosas que, de forma particular, nos emocionen más.

Por ejemplo: en los estudios anteriores, todas las personas encuestadas eran (algo más) felices si no eran pobres. Sin embargo, no todo el mundo es igual de feliz por ello. Ese matiz es muy importante, como veremos.

No es un estado permanente

Como todos nuestros sentimientos y emociones, fluctúa. A veces estamos a tope. A veces más de bajón. Si alguien dice que es feliz todo el tiempo, miente. Sería, de hecho, una patología.

Sí puede estar en plenitud, aceptando lo que venga. Pero esa felicidad que a menudo se vende como una meta alcanzable, un lugar al que mudarse para siempre… genera más frustración que otra cosa.

Puedes mejorar tu habilidad para ser feliz

Por sorprendente que resulte, podemos aprender a ser más felices, a estar más abiertos a las experiencias, para no atascarnos en las cosas no tan agradables que puedan van a ocurrir.

Es importante entenderlo, incluso en casos de depresión profunda: nadie nace condenado a la tristeza. Hemos evolucionado para sentir un poco de alegría y tristeza de vez en cuando.

Ser feliz no requiere grandes despliegues

Seguro que habéis oído la historia de alguien que viajó a no sé dónde y encontró gente más feliz que en su tierra. Probablemente sea cierto.

Si la ciencia nos dice que lo que genera más felicidad es que la vida tenga sentido, la familia y la comunidad, es probable que encontrásemos que los países del primer mundo no son espacios en los que la gente vaya mucho en la dirección de esa plenitud. Ni en los que se favorezca eso. La dinámica social es perversa, sobre todo en los últimos tiempos, como he explicado en mi blog de psicología en numerosos artículos sobre la ansiedad.

Vamos, el resumen: no necesitas nada especial para ser feliz. Un proyecto vital y un grupo social son el eje principal.

Nadie va a ser feliz por ti

Al comentar qué es la felicidad, es importante entender que es algo que no podrás delegar. Nadie va a ser feliz por nosotros ni nos puede regalar la felicidad plena, sino que hay que buscarse las habichuelas.

Además, que nuestra felicidad dependa de una persona nos pone en una situación de vulnerabilidad extrema: si esa persona desaparece, se nos cae el mundo encima. Peligrosísimo.

Buscando la felicidad: cuando menos es más

Nos pasamos la vida trabajando o persiguiendo lo que nos dicen que es la felicidad. A veces es la prensa, y otras la sociedad. Da igual, porque el resultado es el mismo: aceptamos que lo que nos han contado sobre la felicidad es cierto. Pero, ¿somos realmente más felices si seguimos ese patrón?

Al menos en mi caso, ir en esa dirección me estaba volviendo un desgraciado. Así que al cuestionar mis propias creencias al respecto, cambié de dirección.

Siempre he dicho que soy muy rico

Realmente creo que lo anterior es cierto.

Tengo una mujer e hijo, más familia, amigos… hasta perros. La comida que necesito, e incluso la que me apetece. Un lugar donde cobijarme. Salud, y médicos para cuidarme ante cualquier imprevisto. Gano más dinero del que me hace falta para cubrir mis necesidades básicas. Puedo ahorrar, invertir y darme algún capricho. Increíblemente afortunado y rico.

Mi salario es normal, por cierto 🙂 Pero es que ser rico no tiene que ver con los ingresos (al menos, no al 100 %).

Creo que soy rico porque he tenido la suerte de entender qué es la felicidad, qué es lo que me hace feliz siendo muy joven. Encontré a una pareja maravillosa y me quedé a su lado. Me di cuenta de que no quería trabajar todo el día, así que siempre que hay negociación laboral, pido hacer menos horas por el mismo salario. Cuido mucho a mi familia y amigos, muchísimo. Y soy parte de una comunidad: familia, amigos y gente con la que me cruzo en mi trabajo y aficiones.

¿Y el sentido de la existencia? Mi vida es la de un constructor. Cuando me pasan cosas malas, vuelvo atrás en el camino y levanto un puente. Quiero que las personas que sigan mi ruta lo tengan más fácil. Quiero sobrevivir, porque quiero ayudar. Puedo aportar a que el mundo sea un lugar mejor, aunque solo sea ese poquito.

Esa es mi fuerza interior, y lo que me impulsa como eterno aprendiz de psicología clínica.

Que no te vendan motos sobre encontrar la felicidad

No necesito nada más para encontrar momentos de gran felicidad. Tú tampoco.

Me levanto por la mañana y tengo un ratito para mí y para mis perros. Damos un paseo y me recreo en que, aunque son un poco cabroncetes, los quiero muchísimo. Me pongo el café, me llevo al peque a la guarde y voy al trabajo en bici. Lo hago lo mejor que puedo allí. Después, ejercicio, leer, escuchar música, jugar. Planeo cómo conquistar mis metas. Medito. Sueño. Enseño a mi hijo. Aprendo con él y de él.

Trabajo otro poco, vuelvo a casa temprano. Estoy con mi mujer, a veces vienen amigos a cenar. Siempre apago el móvil. Leo más. Escribo sobre lo bueno y lo malo. Desconecto el cerebro un poco. Duermo genial. El fin de semana es para la familia. Siempre. Repito la estructura, con alguna excepción. Me voy adaptando a la marea de la vida.

La gente a veces me dice que con tanta rutina me pierdo cosas. No sé. En mi rutina me encuentro muy feliz, y diría que es la felicidad para mí. Es que no necesito más para ver el vaso medio lleno. A menudo, y de forma curiosa, la gente que me dice eso no me parece ejemplo de felicidad. He aprendido a darme cuenta.

Me da rabia cuando veo a personas que, como yo, quieren ser felices y no encuentran la forma. Y caen en manos de tipos despiadados que estarían encantados de hacerse con su dinero. Que no os vendan la moto de la felicidad: estáis diseñados para encontrarla. Aunque solo será de vez en cuando. Es cuestión de ponerse, y tomarse las cosas con filosofía. Encontrar el equilibrio.

Es parte de la gracia. Me encanta el helado, pero comer helado todos los días me haría miserable. Y gordísimo 🙂

Aceptar. Comprometerse. Entender qué es la felicidad

Os contaré un pequeño secreto: me pasa algo muy curioso.

Tengo la sensación de que de pequeñito programaron mi cerebro para hacer la guerra. Para la alerta. Para la ansiedad y el estrés constante. Para el miedo y la ira. Así que aprendí a ir con mi armadura siempre puesta, por si acaso caía algún palo inesperado. ¡En guardia!

Luego, me hice mayor, y me di cuenta de que en la vida no se puede ir siempre con la guardia alta, porque te pierdes cosas. Pero no era capaz de bajarla. No podía salir de mi armadura, así que hui hacia adelante con ella puesta.

Además de algún palo gordo, viví experiencias geniales, porque me esforcé muchísimo por lograrlas. Esa rutina, esa clarividencia de qué es aquello que busco. ¿Qué es la felicidad? No lo sé, pero por ahí se esconde. Las piezas de la armadura empezaron a caerse solas, como las hojas de otoño. El amor, todo lo cura. O casi. Todavía tengo algunas heridas, supongo: las cicatrices son para siempre, como los buenos aprendizajes.

¿Te has dado permiso para ser feliz?

Ya veis qué paradoja: me desenvuelvo de maravilla en un ambiente de caos y malestar. Pero, cuando todo va bien, cuando me sonríe la vida… la cosa se complica. Tengo miedo a conectar de verdad con los momentos felices. Me cuesta procesarlos y asumir que me están pasando a mí.

Lo acepto, y continúo. Hace tiempo que me di permiso para ser feliz y disfrutar de lo que venga.

He aprendido que felicidad y aceptación son casi sinónimos. Aceptar lo que venga, lo bueno y lo malo. Todo. Acepto que un día sea bueno. Y que otro no. Tener cuarenta de fiebre, o poder disfrutar de una hermosa puesta de sol. Lo que venga y lo que vaya. Lo que fue y lo que pueda ser.

Desde ese punto, es mil veces más fácil conectar con la realidad. Y es en ella, en el aquí y en el ahora, donde está la felicidad. Está aquí conmigo mientras escribo estas líneas, aunque no me atrevo a mirarla, porque entonces se escaparía. Me acompaña cuando mi amigo de USA decide quedarse quince días más de lo previsto, o cuando mis perros se pelean por quién será el primero en llenarme de lametones al llegar a casa. Se esconde en la mirada de mi hijo, y crece en las tomateras que planto con su bisabuela.

Qué es la felicidad cuando sufrimos

A veces viene la vida, me suelta un revés enorme y entonces ya no encuentro la felicidad. He aprendido a aceptar que eso también me toca. En ocasiones cuesta, porque soy un tipo de lo más normal. Y, en otras, me adapto bien. Pase lo que pase, sigo adelante. Eso es el compromiso. Después de estar enfermo, me pongo bueno otra vez. Qué bien se está así: hoy volveré a casa caminando sólo porque no he podido hacerlo en toda la semana.

Soy una persona con grandes dosis de felicidad en su vida actual. También pasé malos momentos, y no sé los que vendrán. Seguro que tú, que lees estas líneas, estás igual, o tal vez no. No importa. Lo fundamental que puedo dejarte sobre la felicidad es esto: no te compliques ni te despistes, no te dejes llevar por los cantos de sirena de la sociedad. Sabes lo que te hace feliz: es más fácil encontrarse bien si vas a por ello. Date permiso.

Para estar en plenitud no te hace falta mucho más que eliminar gran parte de las complicaciones que nosotros mismos metemos en nuestra existencia. Sin saber por qué. Sin pararnos a pensar. Si persigues la felicidad, se te va a escapar siempre: ya te he dicho que es muy esquiva. ¿No eres feliz? Acéptalo. Cambia. Comprométete con tus valores y recobra el equilibrio. Y así siempre. Cada año, cada día, cada minuto y cada segundo.

Ojalá estos puentes que construyo en forma de artículos te sirvan para encontrarte más a menudo con la felicidad. No olvides disfrutarla. ¿Qué es la felicidad? Todo eso, y este abrazo que te mando.

<h2 style="color:white;font-size:35px">Jesús</h2>

Jesús

JMT Psicología

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