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Mentalidad victimista: ¿es realmente útil?

Jesús
1 de marzo de 2021
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El otro día estaba leyendo un artículo sobre el concepto de mentalidad victimista y su relación con la idea de justicia.

En la asignatura de psicología evolutiva comentábamos que en la adolescencia se abandonan por completo gran parte de las visiones egocéntricas del pasado. Es decir, entendemos que no estamos solos en el mundo. Que hay más vida allende nuestro ombligo.

Este paso supone aceptar las reglas del juego: que además de derechos, tenemos deberes. Y responsabilidades que asumir. Es ahí donde nace la moral y esa idea de justicia, de reciprocidad con el prójimo, que llevaremos con nosotros el resto de nuestros días.

La mentalidad victimista y el “es que es lo justo”: una tendencia al alza

Los ingleses utilizan la palabra entitled para hacer referencia a la idea de lo que supuestamente nos corresponde “porque nosotros lo valemos”. No tiene nada que ver con lo que realmente nos merecemos, ni con lo que nos acaba tocando.

A menudo, de hecho, ambas cosas no coinciden. Hay pocas personas que declaren tener exactamente lo que merecen y deseaban. Seguramente porque en la propia condición humana yace el deseo de querer ir siempre a más.

Esto se explica en este vídeo tan interesante como ilustrativo. Profundiza en la noción de que la vida no es justa, que es algo que a veces resulta difícil asumir. Sobre todo cuando caemos enfermos, fracasamos en una empresa o en nuestras relaciones personales. Como padre, si mi hijo enferma, no creo que piense que “es lo justo”. Más bien, “¿qué puedo hacer ahora para solucionar esto que he de afrontar con él?”.

Decía que esa mentalidad de los “entitled“, tan propia de nuestros tiempos esconde, en realidad, narcisismo puro y duro, vestigios de egocentrismo naturales en la adolescencia. Como un pijama de bebé, es algo que queda bonito de pequeño, pero resulta poco agradable en la edad adulta. Además, la psicología abunda en que representa un problema para nuestro bienestar.

Si creemos que nos merecemos mucho más de lo que realmente nos toca, sentiremos que la vida nos está estafando, que alguien se ha quedado con nuestra parte. Si alguna vez os han robado algo, sabréis que ese es un sentimiento muy amargo. De la injusticia percibida surgen muchísimos problemas de salud mental.

Un viaje al universo de la utopía

En nuestro viaje por la explicación de la mentalidad victimista, la primera para es Universo Utopía: un lugar donde todo el mundo tiene cubiertas las necesidades que aparecen en la Pirámide de Maslow. Me temo que ese lugar no existe. No existe para el ser humano, ni tampoco para la gacela devorada por el león. Es una idea de fantasía muy poco útil para el adulto medio occidental.

Vivamos como vivamos, nos toque lo que nos toque, siempre querremos más. Lo entiendo, porque estamos “programados” para eso desde el punto de vista biológico. Así que, supongo, el problema radica en que ese concepto de justicia es poco realista. También lo es la idea de que la meta de nuestra vida es la felicidad, aunque de eso ya hablaremos en otro artículo.

Por suerte o y por desgracia, el mundo es un lugar con luces y sombras. Muchas, muchas sombras. Dicho sea sin caer en el pesimismo. Precisamente por eso, si nuestras expectativas son poco realistas, si creemos que sólo por ser y estar aquí ya nos merecemos todo y un poco más, la realidad termina por aplastarnos. Poco a poco, oprime esas creencias falsas, socava las esperanzas narcisistas, y lleva a la persona a la insatisfacción.

La insatisfacción empieza por entristecernos. Luego, nos amarga. Después, nos lleva a ser crueles con nosotros mismos y con los demás. Y así sucesivamente, puede llevar a la mentalidad victimista, la depresión y un verdadero infierno en la propia mente.

Mentalidad victimista e injusticia percibida

Si nos ponemos en la piel de una de esas personas frustradas, es fácil comprender que se pongan a la defensiva. Y atención, digo lo de frustradas sin ánimo de ofender, sino como una descripción neutra.

Un buen ejemplo lo tenemos en mi generación, los millenials, a los que desde pequeños nos inculcaron que éramos especiales, que si trabajábamos duro llegaríamos lejos, y un larguísimo etcétera de tienes derecho a casi todo. De aquellos polvos, estos lodos.

Volvemos la vista atrás, y nos sentimos enfadados porque las cosas no fueron justas. No resultaron como se suponía que tendrían que haberlo hecho. En un primer momento, cambiar puede doler más que seguir siendo como somos. Así que, cual villanos, huimos al galope hacia adelante.

Como si pudiésemos escapar de nosotros mismos, huyendo de lo que percibimos como una profunda injusticia del mundo hacia nosotros. ¡Nos han estafado!

Una mentalidad que nos hace más y más débiles

A lo largo de mi vida, y al igual que tú, yo también he vivido luces y sombras.

Con todo, si vuelvo la vista atrás, aprecio cada cosa en su justa medida. Hace poco me emocionaba muchísimo al encontrar esta inspiradora cita:

Un día, en retrospectiva, los años de adversidades se te antojarán los más hermosos de tu vida.

Sigmund Freud

Todos nos hemos ido forjando, golpe a golpe, en la fragua de la existencia. A mí no me han tocado impactos realmente devastadores, y entiendo que a otros sí. Y sin embargo, la condición humana exige levantar la cabeza y seguir adelante.

Cuando adoptamos el discurso de la víctima, cuando nos decimos que el mundo nos ha estafado y está en deuda con nosotros… sentimos que todo está en nuestra contra, y eso representa una distorsión cognitiva. Nos ponemos en una posición de barco a la deriva, en la que poco o nada podemos hacer. Bueno, sí, podemos quejarnos. Que tampoco es que sirva de mucho.

Ser un víctima significa que no hay nada más que puedas hacer. Una especie de indefensión aprendida, de la que no podemos salir, y de la que todo y todos son culpables y cómplices.

Es normal sentirse fatal en ese contexto. Combina eso con las altas dosis de narcisismo e individualismo presentes hoy en día, y tienes la fórmula perfecta para enfadarte, frustrarte y cosas peores.

Renunciar a la mentalidad victimista: un paso hacia la responsabilidad y el cambio

Siendo sincero, creo que hay muchísimas razones lógicas por las que sentirnos así, aunque sólo a veces. Seguro que en tu vida ha habido hechos injustos, dolorosos y que no merecías en absoluto.

Sin embargo, vale la pena preguntarse: ¿qué te aporta posicionarte como una víctima de esas circunstancias? Yo me lo pregunto a menudo cuando soy superado me siento superado por la adversidad. Porque es normal que algún día queramos tirar la toalla con algo, nos desesperemos o caigamos en mostrar nuestra peor cara por pura frustración.

Lo cierto es que las personas que se quejan de sus desventuras, de las injusticias vividas, seguramente tengan razón. Pero también veo adecuado que se hicieran la siguiente pregunta.

¿Cómo puedo reducir tanto sufrimiento?

La pregunta es tan clara como contundente. Qué puedes hacer tú para esas situaciones que te hacen sufrir.

Usualmente, hay muchísimo que podemos hacer si abandonas las mentalidad victimista. Porque el ser humano, recordemos, busca siempre la mejora de sus circunstancias. Así que:

  • Como mínimo, puedes abandonar la mentalidad victimista y dejar de quejarte. Quizás eso te aporte un extra de energía para ayudarte a ti mismo, tomar perspectiva y cambiar. Como poco, servirá para no hacer de algo malo algo todavía peor.
  • Más allá de esto, puedes asumir la responsabilidad sobre ti mismo. Intentar ser mejor y arreglar el problema en la medida que puedas y sepas. Ir a transformar aquello que sabes que está mal, porque ya no huyes hacia adelante.
  • Incluso si concluyes que el problema no tiene arreglo, es posible que con una mentalidad proactiva, de sana competencia, puedas hacerte fuerte y plantarle cara a la adversidad con toda la dignidad y entereza que logres reunir. Seguramente eso haga todo más llevadero.

En el camino hacia reducir ese sufrimiento, seguramente encuentres nuevas opciones que ahora mismo tal vez no puedas o no quieras ver. Es increíble la cantidad de gente que huye hacia adelante y se sabotea a sí misma. Todo por aferrarse a un clavo ardiendo, no aceptar sus errores y cambiar. ¿Es fácil? No. Pero sí necesario. Es el principio de responsabilidad. Con nosotros mismos, y con nuestro entorno social.

De ahí nace JMT Psicología como proyecto: me gustaría contribuir a reducir el sufrimiento que, a veces, es innecesario e inútil.

Mentalidad victimista y responsabilidad: lo que haces, importa

El principio de responsabilidad es una poderosa herramienta para dejar atrás la mentalidad victimista. Para dejar de ser sujetos pacientes de la realidad, y pasar a ser agentes transformadores de ella y de uno mismo.

Se basa en la sencilla noción de que todo lo que haces y lo que dejas de hacer, importa. Y mucho. Si luchas contra tu naturaleza de mejora y te abandonas, entonces sufrirás las consecuencias. Tú, y la enormísima cantidad de personas con las que interaccionarás a lo largo de tu existencia.

Si renuncias a desarrollar tu potencial, en la medida en la que seas capaz, no disfrutaremos de tu mejor versión. No serás tú quien se salve a sí mismo, a mí, o al mundo. No serás el descubridor de la cura para esa horrible enfermedad. Ni el hombro sobre el que llora ese amigo que está perdiendo a su padre.

Y este mundo, a menudo con más sombras que luces, realmente te necesita. En formas y aspectos en los que quizás ahora ni siquiera uno puede apreciar, especialmente si está deprimido o ansioso.

Un pequeño cuento sobre mis pequeñas responsabilidades

El otro día me encontraba realmente mal, y no quería salir de casa. Quería ir a entrenar, pero ya sabéis: a veces cuesta. Pese a todo, monté en mi bicicleta en medio de ese día de temporal, y avancé calle abajo pensando en lo odioso que iba a ser entrenar empapado y con desgana (he aquí la distorsión cognitiva llamada filtro mental: todo lo percibo como malo).

De camino, paré en un semáforo y aproveché para limpiar mis gafas empapadas. Como soy un poco neurótico, quise comprobar que estuviesen perfectas, así que las puse hacia arriba.

Así vi, en lo alto de un edificio, una antena medio descolgada sobre un precario cable. Si se rompía, caería directamente sobre una acera bastante transitada. Así que llamé al teléfono de emergencias, y di el aviso para que la retirasen.

Cuando volví de entrenar, la antena ya no estaba. Eso no hizo que me mojase menos, ni que mi entrenamiento empapado fuese menos miserable. Pero sí fue importante para mí. Porque si no hubiese salido ese día de casa por dar lo mejor de mí mismo, tal vez alguien hubiese sido fulminado por esa antena. O tal vez no.

De lo que estoy seguro es de que, si no hubiese salido de casa, no estaría escribiendo estas líneas. Estoy convencido de que eso marca la diferencia, y espero que para vosotros también. Por eso no me quedé regodeándome en una mentalidad victimista: me temo que no me aporta nada como adulto. ¿Y a ti?

<h2 style="color:white;font-size:35px">Jesús</h2>

Jesús

JMT Psicología

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