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Consejos para ser optimista: mi experiencia como piloto

Jesús
26 de febrero de 2021
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Escribo estos consejos para ser optimista aunque, lo confieso, no lo soy por naturaleza. No me sale eso de confiar en que, por pura carambola, las cosas salgan bien.

Como todo hijo de vecino, he tenido algunas experiencias que me llevan a pensar así. A entender que la vida no siempre es justa. Y que, de hecho, a veces es todo lo contrario.

Por suerte, y como todo, se puede cambiar y aprender a pensar de otra manera. Tiene mucho que ver con los modelos de Terapia Cognitivo Conductual, aunque eso lo tocaré en otra entrada de mi blog de psicología.

Consejos para ser optimista: ¿realmente se puede aprender esto?

Creo que es posible aprender a reconocer las ventajas de ser más optimistas. Me explico un poco, porque este concepto es algo raro, y no quiero llevar a confusión con el título de consejos para ser optimista.

Cuando vemos que la realidad se está torciendo y nos va a tocar encajar un golpe, una derrota o un fracaso absoluto, no nos cuesta ponernos en lo peor. Eso tiene todo el sentido evolutivo: nos fijamos en las amenazas más que en ninguna otra cosa, porque lo peligroso puede acabar con nosotros.

Ser pesimista supone un gran problema: no solo porque te hace ver la realidad de forma distorsionada, sino también porque corta las alas de la ilusión, del confiar en que se produzca un giro de los acontecimientos y el viento sople a favor. Te hace centrarte en lo que te hace daño, porque ser pesimista fija la atención en el lado negativo. No siempre lo vemos tan claro, pero es algo muy nocivo para las personas. Sobre todo si es en exceso: nos pesa mucho estar todos los días con un discurso negativo. Quizá más de lo que nos atrevemos a reconocer en esta sociedad que promociona la felicidad constante, inmediata y absoluta.

Alguno me dirá: oye, que no es bueno pasarse ni de pesimista ni de optimista.

No estoy de acuerdo.

Por qué es mejor ser optimista que pesimista

No me he cruzado con una sola persona que se pase de optimista, nunca. Sí he visto a gente increíblemente positiva, que yo defino como personas-corcho: flotan en el mar de la miseria humana, contra viento y marea, pase lo que pase. ¡Es genial! Envidio muchísimo esa característica.

Sin embargo, sí he topado con muchas que se definen como realistascon los pies en el suelo, que en realidad son muy pesimistas. Lo peor es creer que uno es realista y, en realidad, ver siempre el vaso medio vacío. Suelen ser personas con un discurso sesgado sobre sí mismas, aderezado con un toque de falta de amor propio y actitudes menos seguras ante la vida.

Ser optimista se traduce en creer en tus posibilidades. En confiar en que puedes sacar un proyecto con éxito, en que puedes tener un día genial por delante, o en que puedes triunfar en aquello en lo que has fracasado cien veces. Significa decirte a ti mismo que sí, que lo bueno te puede pasar a ti, aunque sea por pura casualidad. Consiste en ver las cosas por lo que son, pero en una posición de desafío, que resulta muy saludable.

Consejos para ser optimista… ¡incluso ante los problemas más graves!

En uno de sus libros, el psicólogo Rafael Santandreu hablaba de la actitud de sana competencia.

Este concepto me encanta, e ilustra bien la idea anterior: la cosa no es negar que podemos ser derrotados, sino en aceptar esa posibilidad, y jugar igual el partido con ganas. Es importante salir a vivir la vida con ese punto de ilusión y voluntad, aceptando que podemos perder, pero con la mirada puesta en ganar. Y, sobre todo, en disfrutar jugando. No siempre lo conseguimos (yo el primero), pero hay que intentarlo.

Y es que es bonito tener ilusión. A todos nos gustan esos días en los que nos sentimos simplemente genial. Ser optimista es muy positivo para la salud física y mental. Así que, aunque la virtud suele estar en el término medio, es rarísimo pasarse de optimistas. Sobre todo, es infrecuente que esto tenga consecuencias negativas (salvo que se presente, por ejemplo, en una fase maníaca patológica, por ejemplo en una esquizofrenia).

Como digo, ver el vaso medio lleno es una actitud, y no una forma de ser. Por lo tanto, aunque tengamos una tendencia hacia el pesimismo, sí podemos aprender a reconocer un patrón de pensamiento, y modificarlo. Hacer que nuestra actitud mejore.

Optimismo: una cuestión de actitud

Siempre que tengo una época en la que mi naturaleza más pesimista aflora, procuro aplicar lo que he aprendido sobre la forma en que fluyen mis pensamientos sobre mi día a día. De ahí lo de consejos para ser optimista.

Como tú, yo también he hecho examen de conciencia más de una vez, porque no me estaban saliendo las cosas tan bien como me gustaría, o me sentía un tanto derrotado.

Al preguntarme por qué esos sentimientos e indagar, creo que la razón estaba, una vez más, en una actitud demasiado pesimista ante los desafíos que se me presentan. A mí también se me olvida la sana competencia a veces. Me cuesta aceptar que no pasa nada porque el viento sople en contra, seguramente porque caigo en el error de perseguir la excelencia en todo. Y eso nadie lo puede.

Consejos para ser optimista: ¡pilota el avión de tu mente! Una metáfora desde la Terapia de Aceptación y Compromiso

Me parece especialmente didáctica la metáfora que desarrollé en su momento para gestionar mi mente en épocas así: se trata de pilotar nuestra mente como si fuese un avión.

La idea no es mía, sino que la he tomado del modelo de Terapia de Aceptación y Compromiso que tanto me gusta.

Nosotros estamos al mando de la nave, somos el comandante, y nos va la vida en hacer un buen trabajo llevándola a destino. Por eso:

  • Debemos darnos cuenta de que no solo somos el avión, sino también sus pilotos. Tenemos la capacidad de ver nuestra mente en perspectiva, percibiendo si un día estamos más de bajón, o si estamos emitiendo juicios exagerados. Esa distancia es sana, porque nos permite no identificarnos automáticamente con nuestros pensamientos, sino observarlos y entender que son partes de un todo, pero sin dejarnos avasallar. Un piloto puede tomar decisiones incluso si su avión tiene el motor en llamas. Esa distancia es una gran ventaja, pero solo si sabemos aplicarla en nuestro beneficio. ¿Os imagináis que ante un motor en llamas el piloto actuase como si él mismo estuviese ardiendo? Pues eso. Hay que poner distancia y aplicar estrategias desde ahí: desde la experiencia y la tranquilidad.
  • Somos pilotos curtidos en mil vuelos. Podemos surcar los cielos y atravesar cielos de pensamientos grises sin dejarnos llevar por el miedo, porque no hay nube que tire un avión. Los pensamientos solo son eso: pensamientos. No son ni más ni menos que ideas en nuestra mente. Al igual que las nubes, pueden dar miedo a veces, pero nunca representan un peligro real. Solo nos hacen daño si entramos en esa trampa de darles poder. Lo más fácil es siempre atravesar las nubes, con la confianza de que, un poco más arriba, el cielo siempre es azul. Siempre.
  • Las personas en nuestra vida representan a nuestra tripulación. Podemos elegirla. Como comandantes del avión, debemos hacer esto con cuidado: es mejor rodearse de quienes quieren lo mejor para nosotros, quienes de verdad buscan que lleguemos sanos y salvos a destino. Al resto… mejor negarles el embarque. Es una decisión que podemos tomar, aunque a veces sea difícil hacerlo. No es cuestión de elegir a los mejores siempre, sino de no dejar subir a quienes no aportan nada y nos hacen perder los papeles durante el viaje.
  • Cada idea en nuestra cabeza es un pasajero al que elegimos embarcar (o no), y que nos dice cómo pilotar nuestro avión. Sin embargo, ¿a que no imaginamos que un piloto consulte al pasaje para un aterrizaje complicado? Pues nosotros igual. Usualmente, los pasajeros solo aportan ideas sesgadas sobre nuestras capacidades, sobre quiénes somos. Cuando volamos el avión, tenemos que fiarnos de nuestra propia voz. Ser optimistas y confiar en que podemos hacerlo.
  • El equipaje que subimos son esos juicios implacables sobre los demás, esos prejuicios, la rabia, la frustración, los enfados, etc. Hay aviones que se han estrellado por exceso de equipaje y, además, este tipo de ideas consumen mucho combustible. No podemos permitirnos el lujo de malgastar energía. Así que en lugar de llevar la bodega llena hasta los topes, intentemos dejar espacio para maletas nuevas, y cuestionar siempre esa carga para asegurar que aporta. Aprender es mantener siempre una actitud de apertura. En un avión excesivamente cargado no se puede subir nada nuevo. Y es una pena.

Tomar el mando nos permite despegar rumbo a una existencia más positiva, aprendiendo a reconocer todo aquello que genera pesimismo. Específicamente, otros consejos para ser optimista son:

  • Aunque a veces nos asalte la idea de que algo nos va a salir mal, podemos tomar perspectiva e identificar que esta idea es falsa, irracional. Cuando era hipocondríaco, aprendí que no todo era un cáncer, que también podía estar ante síntomas inocuos. Hoy en día, cuando me siento mal por algo, intento centrarme en que si algo puede salir mal, también puede salir bien. Intento no dejarme llevar por las trampas del pesimismo: venga lo que venga, sana competencia. Actitud ante los desafíos. Ganas de volar alto, siempre.
  • Podemos cazar al vuelo los pensamientos, darnos cuenta de que hoy estamos algo bordes, un poco de bajón, o simplemente cansados. Son las nubes grises. Como hemos tomado perspectiva, ahora podemos empezar a reconocer esas ideas falsas al vuelo, y no dejar que nos afecten tanto. Puedo estar triste y sacar muchísimo partido a mi día. ¡No tiene nada que ver una cosa con la otra! Los pensamientos están muy sobrevalorados y, por eso, suele venir bien no identificarse demasiado con ellos. Mejor verlos como nubes que llegan, atravesamos y podemos dejar atrás, rumbo a un cielo más despejado.
  • La gente que no quiere de corazón lo mejor para nosotros me parece accesoria. Si alguien no me aporta, no veo el sentido a fomentar que forme parte de mi vida. Ni siquiera si es mi familia, o ese amigo de toda la vida. Mi tiempo es preciado, y quiero pasarlo con personas que me importan de verdad, que me suman y a las que les importo y me dedican tiempo de calidad. Podemos elegir y, de hecho, creo que tenemos la responsabilidad de hacer esa criba, o seremos más pesimistas, más infelices.
  • Cuanto más aplicamos todo lo anterior, más expertos nos volvemos en identificar el ciclo del pensamiento pesimista. La práctica hace al maestro, y el maestro es optimista. Por eso, siempre intento dejar espacio para nuevas experiencias e ideas. No carguemos exceso de equipaje, ni nos aferremos a él si percibimos que nos hace daño llevarlo. A menudo, cambiar es tan duro como beneficioso.

No te preocupes por pasarte de optimista: ya se encarga la vida de ser realista

Como sucede a muchas personas, yo también me frustro mucho si las cosas no me salen. Sin embargo, la psicología nos invita a indagar, profundizar y buscar el por qué. Cuando no rindo tanto, usualmente significa que algo no anda bien en la parte emocional.

En lugar de aceptar que estoy en una época de más nubes grises, en la que me cuesta más funcionar y no pasa nada, he tratado (en vano) de no darme cuartel. Pelear por ser falsamente optimista y fingir que no vemos el cielo cubierto, conduce al desastre. Es mejor aceptar esa vulnerabilidad temporal, y pilotar desde ahí. Maldito orgullo, qué ciego nos haces a veces.

En ese contexto, estoy aprendiendo a darme margen, a aceptar mejor los problemas. Y que no pasa nada por que mi rendimiento baje a consecuencia de ellos. Sobrevuelo esta zona confiando en que mi avión avanza rumbo al cielo azul, aunque este viaje tenga ahora más nubes de las que me gustaría: después de todo, es lo que me dice mi experiencia como piloto. Cuento con una tripulación excelente, y procuro viajar ligero de equipaje.

Desde esa actitud me resulta más fácil dar estos consejos para ser optimista. O, mejor dicho, aprender y desarrollar una actitud más positiva, que os libre del sufrimiento psicológico innecesario. Ser una versión de vosotros mismos más ilusionada, con más ganas de afrontar los desafíos y disfrutar aprendiendo cada día. Si hoy no me sale, mañana es una nueva oportunidad de conseguirlo. Y así siempre. Mejor eso, que aferrarme a un pesimismo nocivo, ¿no os parece?

<h2 style="color:white;font-size:35px">Jesús</h2>

Jesús

JMT Psicología

2 Comentarios

  1. Gracias por tan excelente aporte, necesitaba leer esto hoy.

    Responder
    • Ahí vamos Héctor, a por todas. Un abrazo!

      Responder

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